martes, 26 de septiembre de 2017

MEMORIA: ESTANISLAO ZEBALLOS Y LA CONQUISTA DEL DESIERTO

En Rosario, ciudad chata y cuadrada, surgida para la exportación de granos, el día 27 de julio de 1854 en la esquina sudeste de las calles Comercio y Aduana, actuales Córdoba y Maipú, nacía Estanislao Severo Zeballos.

Fue uno de los principales ideólogos e impulsores de la Conquista del Desierto y de la teoría “mapuche indio chileno”. Vale decir además, es reconocido por ser un pionero científico en este país gracias a la cantidad de tumbas que profanó luego de ese genocidio.

Como dato de color desde 1916 y hasta la actualidad funciona en su antigua casona la sede de los mejores representantes de su repugnante clase: El Jockey Club.

El 4 de octubre de 1923 fallecía en Liverpool. «Jurista, diplomático, político, militar, periodista, catedrático, historiador, geógrafo, etnógrafo y novelista» rezaba un artículo del año pasado de un periódico local titulado «Estanislao Zeballos, un brillante rosarino».

En 1878 este tipo, de quien a lo sumo conocemos la calle que va de este a oeste de la ciudad, escribió el libro La conquista de quince mil leguas. Estudio sobre la traslación de la frontera sud de la República al Río Negro. Trasladar la frontera del país hasta el Río Negro obligaría a los mapuche a habitar las tierras que se encontraban al sur, junto a los tehuelches, a quienes no veían como enemigos. Como vemos, es un precursor de aquello tan actual de otorgarles nacionalidades extrañas a diferentes comunidades.

«Estamos en la cuestión fronteras como en el día de la partida: con un inmenso territorio al frente para conquistar y con otro más pequeño a retaguardia para defender, por medio de un sistema débil y desacreditado. No incumbe su responsabilidad a un hombre ni a un gobierno. Es la herencia recibida de la Madre Patria, que conservamos fielmente, a pesar de haberla hallado controvertida y de que nuestra corta bien que dolorosa experiencia la condena. Avanzar por medio de líneas artificiales y permanentes para ir conquistando zonas sucesivas: tal es el sistema español de frontera, reducido a su expresión más sencilla. Lo pone de manifiesto una ligera ojeada sobre el mapa de Buenos Aires. Los españoles marchaban previsora y firmemente, llevaban sus armas y la colonización al desierto, clavando la cruz y levantando la escuela al lado del fortín, como bases de la fundación de pueblos. Así, la mayor parte de nuestros centros de población rural, derivan de antiguas guardias, que ocupan en el mapa direcciones armónicas, formando líneas paralelas de Nor–Oeste a Sud–Este, rumbo general de la Conquista en su movimiento de avance tradicional sobre la pampa.» (La conquista de quince mil leguas, Capítulo I)

«El vasto territorio comprendido entre Choele–Choel y Carmen de Patagones es recorrido frecuentemente por los indios que van de la Pampa unas veces y de los valles orientales de los Andes las otras; pero una vez realizada la gloriosa batida en la llanura, acampadas en triunfo nuestras tropas sobre la margen del río Negro, sin enemigos a retaguardia, aquellos campos se verán libres de salvajes, y las estancias de argentinos y de ingleses que ya se acercan a Choele–Choel, prosperarán tranquilas y seguras, sirviendo de base a nuevos centros de población y de trabajo. (Capítulo III)

«Ofrezco, pues, al Gobierno la obra, de la cual puede hacer el uso que convenga a sus planes» escribía el autor al comienzo del libro. Julio Argentino Roca mandó a imprimir 500 ejemplares con fondos del Tesoro Nacional. Y le comunicó: «Pero sus patrióticos y desinteresados trabajos no deben detenerse aquí y no serán completados sino cuando Vd. haga la historia de esta cruzada, una de las más fecundas que habrá realizado el ejército argentino desde los tiempos heroicos de la Independencia, y la descripción científica de la vasta región que vamos á conquistar, demostrando al mismo tiempo la importancia económica que adquirirán los nuevos territorios cuando se derrame en su seno la inmigración que en busca de un suelo fértil y de un clima benigno, arriba á nuestras playas de todos los puntos del continente europeo.»

No lo decimos nosotros, lo dijeron los patrióticos invasores que destruyeron las vidas humanas y el territorio mediante la ciencia y el ejército al servicio de la economía.

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