sábado, 28 de abril de 2018

ABORTO: CUESTIÓN SOCIAL

El mismo sistema que prohíbe abortar es el mismo que luego determina a hacerlo, cada vez que las condiciones de existencia truncan la posibilidad de embarazo, incluso deseado. Ya sea por falta de un salario adecuado o no tenerlo, por la angustia y la insalubridad del hogar o el sentimiento de no querer ser madres.

Hay quienes llegan a justificarlo solamente en caso de abuso sexual o si la mujer no tuvo la “culpa”, en cambio, si se trató de placer o algo similar debería aceptar el castigo, “para que aprenda”. Entonces no se trata de una cuestión de si el feto es un bebé o no, se trata de premiar y castigar conductas consideradas apropiadas o inapropiadas.

Es por esto que desde una crítica radical, y por tanto social, tampoco se trata de tomar parte en ese debate, respondiendo a los movimientos “provida” e intentando especificar a partir de cuándo un embrión es un bebé y por ende cuándo un aborto sería o no un asesinato. Porque no se trata de estar a favor o en contra, sino de la posibilidad de decidir, de no morir en el intento. Dentro del territorio dominado por el Estado argentino, se producen alrededor de 450.000 abortos clandestinos por año, y una mujer muere por semana a causa del riesgo que conllevan. Conocidas y cada vez más ampliamente difundidas son estas cifras que, sin embargo, no dejan de sorprendernos. Si se quita el peso de la ley ninguna mujer estará obligada a abortar, pero en estos momentos ninguna está posibilitada de hacerlo sin incurrir más o menos en la ilegalidad con riesgos de perder la vida, determinados por lo que pueda pagar, ya que las que mueren son en su mayoría pobres.

La sociedad que eleva la maternidad a una virtud casi sagrada es la misma que en la práctica niega la responsabilidad y posibilidad de las mujeres a parir según otras concepciones a las impuestas. Enfrentándolas a la denigrante violencia obstétrica, cumpliendo así el viejo mandato bíblico «parirás con dolor». Es la sociedad que considera buena madre y buen padre a quien delega en distintas instituciones la crianza de los hijos desde bebés. Es la que roba la infancia en sus centros de adoctrinamiento estatales, privados y religiosos y que trata a los más pequeños como lisiados emocionales.

La función reproductiva no es un destino intrínseco a la condición femenina. En esta sociedad de la explotación la maternidad está completamente atravesada por las exigencias del mercado de la fuerza de trabajo y del control político. La planificación capitalista, regulada por el Estado, implica a nivel mundial no solo el genocidio a través del hambre y de la guerra sino también el cálculo poblacional en torno a la necesidad de fuerza de trabajo.

El Estado se ha encargado sistemáticamente de esterilizar a comunidades y grandes porciones de población a su antojo. La industria farmacológica luego de testear su productos sobre animales los prueba durante años sobre nosotras, así como hicieron y siguen haciendo con las pastillas anticonceptivas, de las cuales se van descubriendo efectos cada vez más nocivos en la salud. En la mayoría de los países americanos se han aplicado políticas eugenésicas que afectaron especialmente a ciertos sectores sociales. Durante los 60 y 70 miles de mujeres de origen mexicano, afroamericano, puertorriqueño y de grupos originarios fueron esterilizadas sin consentimiento en los Estados Unidos. En la década de los 90 por lo menos 250.000 mujeres indígenas fueron esterilizadas en Perú.

Desde mediados del siglo XIX la función reproductiva ha estado regulada por la legislación burguesa. Primero en su acepción más prohibitiva, luego con la inclusión de determinadas excepciones. Posteriormente, a mediados del siglo XX, se comenzó a ver cómo se relajaba la punitividad del aborto, sobre todo en regiones desarrolladas que tenían saldos inmigratorios positivos y cuya población nativa disminuía progresivamente sus tasas de natalidad. Casos aparte son situaciones como las de China o India, donde rigen todavía mandatos de hijo único y campañas de esterilización (legales o ilegales) sobre sus poblaciones. Sorprende la ligazón histórica inmediata que ha existido siempre entre trabajo disponible para el Capital y legislación sobre el aborto, especialmente porque es un tema del que se supone que la principal diferencia entre ambas posturas es de raigambre teológica.

«Al determinar los métodos del control de la natalidad, se determinan en consecuencia los términos de la relación entre hombres y mujeres, y entre las mujeres y la sociedad en conjunto. Si en algún momento han tenido necesidad de un gran número de mujeres como fuerza de trabajo han estado prontos rápidamente a darnos una variedad de eficaces (si bien bárbaros) métodos de control de natalidad.» decía en 1971 el Movimento di Lotta Femminile de Padua (Italia).

La prohibición del aborto, por sus consecuentes muertes y daños físicos y psíquicos graves, debe ser considerada como otro de los ataques que impone esta sociedad a la condición femenina. Otra de las numerosas desposesiones históricas que realiza la sociedad capitalista sobre una práctica ancestral. Primero despojando el conocimiento mismo y luego además penando a quienes se atrevan a realizarlo. En este sentido, es importante comprender que las muertes producidas por abortos clandestinos son la consecuencia de esa desposesión histórica, cuando el Estado capitalista destruyó la vida comunal y todo un mundo de prácticas autónomas, dentro de las cuales aquellas referidas a las que hoy conocemos como “medicina” eran mayoritariamente llevadas a cabo por mujeres. Luego de siglos de desposesión, hoy en día esto se traduce en que las proletarias y los proletarios nos veamos obligados a recurrir al Estado para conocer nuestro cuerpo y curarlo, a ese mismo Estado que nos desposeyó y nos continúa robando las vidas día a día. Sin embargo esto no es irrebatible, debemos hacernos conscientes de estas contradicciones para superar este orden de cosas.

Es necesaria y urgente la despenalización del aborto. Es necesario rechazar los sermones de la moral cristiana así como también los mandatos del individuo propietario de sí mismo. Porque consideramos importante evidenciar lo peligroso de considerar al cuerpo primero como un elemento separado de nuestro ser, nuestro entorno, y luego como una propiedad privada. ¡Nuestros cuerpos no son nuestros! ¡Somos nuestros cuerpos!

Si el Estado y el Capital se entrometen en cada rincón de nuestras vidas ¿por qué no lo harían cuando parimos o no queremos continuar con un embarazo? Su problema no es que se aborte o no se aborte, su problema es que escape a su control quiénes, cuando y cuántas abortan en relación a sus necesidades.

Expresarse, conversar y manifestarse por la posibilidad del aborto no puede ser un simple tema de agenda política. Hay que superar la lógica de apoyar desde afuera lo que se trata dentro de un congreso. Es necesario luchar por fuera y contra las instituciones. Es preciso hablar también de métodos anticonceptivos y por tanto de la industria farmacéutica, de la megamáquina tecnoindustrial que hay detrás. Es importante también pensar qué tipos de abortos podrían efectuarse y dónde ¿en los malsanos hospitales públicos, en clínicas privadas que podrá pagar quien pueda, o dónde? Hablar de machismo, de cultura, de religión. Pero también hablar de ciencia, de salarios, de vivienda, de migrantes y refugiados, y de un largo etcétera. Por eso desde un comienzo decíamos que no tiene sentido plantear el problema como una cuestión ética o como una decisión personal y nada más. Se trata en definitiva de qué mundo queremos habitar, y en lo inmediato impedir las muertes y los daños evitables.

En cada lucha tomamos fuerza, es preciso también asumir lo que somos y lo que podemos ser y hacer.

CARTA DE DIEGO PARODI

Salud y libertad, ¡viva la anarquía!

Quiero aclarar que no pertenezco a ningún partido político, agradezco a todos por la difusión de mi situación. Quiero exponer mi punto de vista sobre las leyes y pido disculpas si no se explicarme bien ya que no tengo un buen vocabulario, pero espero poder ser claro.

Sí, estoy contra la ley provisional, pero no busco una reforma, cambiar una ley por otra, porque eso significa pedir al verdugo unas cadenas más confortables. No creo en las leyes impuestas por el estado porque estas están hechas para beneficiar los intereses de las clases dominantes, empresarios, ricos y banqueros. Sus leyes nos reprimen como el 14 y 18 de diciembre, nos someten, obligados a vivir dependiendo a sus intereses, nos asesinan como a Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, nos desalojan de nuestros hogares como a los Mapuches, nos disparan por la espalda como lo hizo Chocobar y cientos y cientos de policías. Nos matan en Tucumán si nos llamamos Facundo, vivimos en una villa y tenemos 11 años. Nos criminalizan y te meten preso como a mí.

Sus leyes son degradantes y limitantes y con ellas el estado justifica sus robos, secuestros, asesinatos y asegura la continuidad de su poder político y económico, como la iglesia, la monarquía y la burguesía, justificando así el saqueo de las tierras, torturas y guerras en nombre de dios. Un dios y unas leyes opresoras inventadas para el control social. Que no se me asocie con un reformista, quiero una vida con un libre acuerdo entre iguales de una forma autónoma e independiente.

No voy a pedir un permiso para ser libre, no necesito sus leyes, no quiero una mejor explotación salarial, no quiero una mejor cárcel y estoy de acuerdo con mi compañera, ella no quiere un aborto legal quiere un aborto libre, ¿es una utopía? No, utopía es creer en un gobierno y que con sus leyes puede resolver tu vida. La vida libre es real, hay que practicarla.

¡¡¡Abajo todos los muros de todas las cárceles!!!

Abril de 2018. Desde la cárcel de Marcos Paz (Buenos Aires).

NI CÁRCELES NI PRESIDENTES

El 7 de abril entró en la cárcel Lula da Silva. Sindicalista, luego político, hasta llegar a presidente de Brasil entre 2003 y 2010. Formó parte de los referentes del socialismo del siglo XXI, período en que la burguesía en Latinoamérica se benefició del aumento de la intensidad de la explotación, el narcotráfico y la devastación de la tierra. Y, por otra parte, de represión vía palo e institucionalización de los movimientos sociales más combativos.

Desde sectores del progresismo y la izquierda se hizo un llamado a defender, sino a Lula, al menos a la democracia. En tiempos de represión y cárceles abarrotadas, los presos de la clase dominante se erigen como los presos dominantes. Se nos dice que si van contra esos “referentes” de peso luego irán más fácilmente contra todos nosotros. Lo que tenemos que entender de una vez por todas es que nuestra debilidad no está en tener menos progresistas en el gobierno ni más progresistas en la cárcel, sino en seguir depositando en ellos algún tipo de esperanza.

Es ya moneda corriente en Latinoamérica que los cambios de gobierno, vía elecciones o no, se produzcan bajo el argumento de la corrupción, lo que permite efectuar los cambios gubernamentales necesarios para el Capital, sin recurrir ya ni siquiera a un debate acerca de tales o cuales políticas. Un argumento completamente vacío de contenido pero que cumple con su cometido. Alguna coima, un auto no declarado por acá, un departamento por allá, motivos suficientes para poner en marcha el aparato judicial contra algunos políticos, hasta que sea haga falta otro recambio. Es decir, que si bien los partidos se denuncian entre sí por sumas siderales como las de la operación Lava Jato, en la que se enmarca la condena a Lula por corrupción, los políticos que terminan encarcelados son los menos y por cuestiones más bien menores en relación a todo lo que se afanan.

La Justicia está siempre contra los pobres, los luchadores, los marginados y solo eventualmente se mete con algún político miembro de la clase dominante. Pero esto nunca puede ser interpretado como si se tratara de burgueses que comparten con nosotros algún tipo de interés, sino todo lo contrario. Los poquísimos presos de la burguesía son para ellos un mal necesario que asumen como clase dominante para el mantenimiento del orden. Y aunque no le deseamos la cárcel a nadie, ni siquiera a los mismísimo carceleros, sean presidentes o explotadores, no vamos a luchar por los presos de la clase opresora. Hay algo que trasciende la política y es el papel jugado en la explotación y la opresión, el papel de clase.

Muy difícilmente vemos un político condenado por su responsabilidad en represiones y asesinatos, porque la Justicia no está para esas cosas. Los políticos cuanto mucho pueden incriminarse entre sí por sus robos, porque incluso cuando recurren a la Justicia para alguna maniobra política, el mensaje debe seguir siendo que la defensa de la propiedad privada está siempre por sobre la defensa de la vida del proletariado. Cuando en 1987 se declaró en la Argentina la Ley de Obediencia Debida, que impedía el procesamiento de los soldados por debajo del rango de coronel que habían participado de las torturas, asesinatos y desapariciones... ¡los únicos juicios que se continuaron contra ellos fueron los casos de robo hacia los mismos desaparecidos y asesinados! Para que nos quede bien clarito que en esta sociedad las cosas importan mucho más que las personas.

Volviendo a Brasil, mientras muchos ojos están puestos en las próximas elecciones y el encarcelamiento de uno de los principales candidatos, nosotros volvemos a recordar aquellos meses de agitación y revuelta que se desencadenaron en 2013 en respuesta al aumento del precio en el transporte público, así como frente a los gastos excesivos y las consecuencias de los megaeventos deportivos de la Copa Confederaciones de 2013, la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.(1) Una vez más, es necesario hacer memoria y tomar nota de lo que también somos capaces como clase para retomar la lucha revolucionaria en momentos de deriva como el actual.

Nota al pie:
(1) Recomendamos los artículos sobre el tema: Brasil: ¿Disturbios sin sentido? y ¡Não vai ter copa! de los nros. 9 y 17 de La Oveja Negra.

FRANCIA: ¡COMBATE AHORA!

Voces de protestas lejanas resuenan con nosotros, como caminos de la noche uniendo mundos. Se acaricia lo posible y además, se cree en lo imposible. Como lo visible y lo invisible, se asemejan, no todos los caminos que une la noche son de este mundo.

Se dice no con la cabeza, más sí con el corazón, sí a lo que se ama, se dice no a la opresión. Infinidad de leyes en los últimos años generan resistencias y revueltas en Francia. Para este número íbamos a evocar el “mayo francés” del 68, sin embargo, escogemos contar las luchas en Francia hoy.

A fines de marzo pasado vimos reacciones de protesta frente a las nuevas medidas de reforma educativa, laboral e inmigratoria que busca realizar Macron, actual presidente. Una decena de facultades bloqueadas por todo el país en protesta contra la nueva ley que modifica los procedimientos de acceso a la universidad. La policía intentando desalojar las universidades tomadas y ocupaciones mixtas, de universitarios y secundarios, irrumpiendo en asambleas, llevándose detenidos y grupos de derecha atacando las ocupaciones.

Ya en 2016 miles de revoltosos se opusieron a los planes de Hollande de reforma del Código de trabajo, hoy Macron con nuevos decretos profundiza esa reforma, con despidos en el Estado y la privatización de los ferrocarriles. Se prevén al menos 100.000 despidos en los próximos años.

En abril, más de 2.500 mercenarios de las fuerzas armadas ocuparon militarmente el bosque de Notre-Dame-des-Landes para desalojar la Zona A Defender (ZAD).

La ZAD formada en esa región en 2008 es uno de los territorios ocupados y comunitarios más extensos de Europa. Su objetivo principal fue prevenir la construcción de un aeropuerto. En enero el gobierno renunció a construir el aeropuerto, proyecto que llevaba 40 años de resistencia por parte de los habitantes en la zona, la mayoría pequeños agricultores. El Estado pronosticó que por el hecho de abandonar el proyecto de aeropuerto desconectaría una parte del movimiento. «Estos gobernantes atrapados en su arrogancia de clase subestiman la potencia de los vínculos que nos unen a todos en la ZAD y que nos llevaron a defenderla sin importar cuál sea el precio que haya que pagar» manifestó un compañero desde allí. Por eso el Estado anunció la evacuación de la zona, su dominio del territorio pretende ser total, al igual que su intromisión en los vínculos humanos y con la tierra.

Es una situación en desarrollo, porque aún hay zadistas en el territorio. Durante la represión al menos 500 personas se acercaron a oponer resistencia, se levantaron barricadas y mantuvieron largos enfrentamientos. La violencia estatal dejó decenas de heridos y detenidos.

«Fuck may 68, fight now!» (¡A la mierda mayo del 68, combate ahora!) escribían en las barricadas griegas del 2008. Esto no es un desprecio por la historia sino por las nostalgias vacías. No volverá a haber Comuna de París, ni Revolución rusa, ni Revolución española, ni siquiera Mayo francés. Será necesario en los desórdenes actuales y futuros contar con los aprendizajes de nuestra historia, así como también tener en cuenta que luchamos en un contexto social obstruído por smartphones y narcisismo. En un espacio cada vez menos habitable en el “campo” o en la ciudad. Con una exclusión social monstruosa y unos ajustes cada vez más fuertes.

Las luchas por el territorio, contra los ajustes y contra las nocividades del sistema tecnoindustrial que se dan con cada vez más frecuencia y en diversas regiones del globo sitúan a sus combatientes, necesariamente, contra el Estado y el Capital.

DOS NUEVOS LIBROS

Para este 1° de mayo preparamos dos libros, que ya están disponibles:

El trabajo es un crimen - Herman J. Schuurman, seguido de El grupo De Moker. La juventud rebelde en el movimiento libertario holandés de los locos años 20 - Els Van Daele

De Moker, ppruiend blad voor jonge arbeiders (El Mazo, periódico de agitación para jóvenes trabajadores) fue publicado entre 1923 y1928 desde Holanda. Uno de sus fundadores redactó El trabajo es un crimen. Mientras participaban en todas las luchas contra el capitalismo vigente y el militarismo, dirigieron su crítica hacia los partidos y sindicatos, a los cuales veían más como un freno que un estímulo.

«He ahí el porqué nosotros vamos a sabotear conscientemente cada empresa capitalista. Cada patrón sufrirá pérdidas a causa de nosotros. Allí, donde nosotros, jóvenes rebeldes, seamos obligados a trabajar, las materias primas, las máquinas y los productos serán obligatoriamente puestos fuera de funcionamiento. Saltarán a cada instante los dientes del engranaje, los cuchillos y las tijeras volarán en pedazos, las herramientas más indispensables desaparecerán de la vista —nos enseñaremos los unos a los otros las formas y maneras de hacerlo—. No queremos ser destruidos por el capitalismo: por eso el capitalismo debe ser destruido por nosotros.»

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La Tragedia de Chicago - Ricardo Mella

Reeditamos en formato libro este importante documento de nuestra clase, escrito a tan solo tres años de los sucesos por los cuales conmemoramos el 1° de mayo. Este material histórico recoge las palabras de los protagonistas, la tensión y el calor del momento.

Hoy, más de un siglo después, las palabras de aquellos compañeros pueden parecer inocentes para unos y hasta ridículas para otros. En más de un siglo se han sucedido muchos cambios, pero lo fundamental que señalan estos revolucionarios continúa intacto: la existencia del Estado, la dominación burguesa, la ley como arma de los poderosos, la policía al servicio de los intereses del Capital, el capitalismo como un sistema que desprecia la vida. La necesidad de revolución también continúa intacta, así como la lucha de compañeros y compañeras que se juegan la vida por un mundo distinto.

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lunes, 2 de abril de 2018

LICITACIONES REPRESIVAS Y PRECARIEDAD LABORAL

Día a día vemos un empeoramiento incesante en nuestras condiciones de vida. Particularmente, en los sectores de trabajo hay múltiples conflictos originados por situaciones de despidos, deudas salariales, suspensiones y quiebras. Es más, en el sector privado los reclamos contra los despidos explican la mayoría de las luchas laborales que se vienen sucediendo en la Patagonia, el Noroeste y el área Metropolitana de Buenos Aires. Mientras, los conflictos por condiciones de trabajo y demandas salariales son minoritarios. Los reclamos se multiplican, pero esa multiplicidad no se traduce en generalización o solidaridad, la mayor parte permanece en su carácter sectorial.

El Ministerio de Seguridad sigue armándose hasta los dientes con la excusa del G20, del narcotráfico y la inseguridad. Mueve efectivos hacia los lugares de conflictividad social, dado que este marcado carácter sectorial de las luchas también se mantiene a sangre y fuego. La creciente militarización de grandes regiones de la Patagonia durante los últimos años es un claro ejemplo de esto. El Estado argentino abrió licitaciones para la adquisición de material para las instituciones represivas por un valor de más de diez millones de dólares.

El desempleo y el subempleo son la tónica general. Desde los sectores cercanos al Gobierno Nacional se insiste en que el peor momento en el mundo laboral ya pasó, y que el empleo se encuentra en un proceso de recuperación lenta pero sostenida desde la segunda mitad del año pasado. Mientras, otros sostienen que dicho crecimiento todavía es insuficiente para revertir la destrucción de empleo registrada en 2016.

El problema de los explotados no puede reducirse a una cuestión cuantitativa, como especialistas y sindicalistas predican. De todos modos, estos pocos datos del 2017 pueden ser de utilidad: la mitad de los ocupados tenía ingresos inferiores a $10.000 mensuales, y solo el 10% superaba los $25.000 mensuales. Mientras la jubilación mínima era $7.742, el costo de la canasta básica para una familia era de $25.548.

Nuestros salarios no solo disminuyen en relación al aumento de precios, sino que, además, y

de forma socialmente encubierta, disminuyen permanentemente porque por el mismo precio ¡o más caro! compramos peor comida, alquilamos peores casas; en definitiva, consumimos menos y peores productos de todo tipo, trabajando lo mismo o quizás más.

Más de la mitad de los explotados asalariados están precarizados, carecen de la protección de la legislación laboral, que es igual a no tener vacaciones, licencias por enfermedad, cobertura de convenios colectivos de trabajo, entre otras cosas. La reforma laboral, ya en curso por sectores, es el núcleo para consolidar y profundizar la explotación capitalista a través de la reglamentación de figuras como el Trabajador Autónomo Económicamente Vinculado o los colaboradores independientes. La acción patronal, política y sindical es en función de la acumulación de ganancias. Toda invención, todo hueco legal que haga posible una producción rápida y barata es adoptada inmediatamente.

Las organizaciones sindicales demostraron la determinación de no negociar condiciones de trabajo en un contexto de crisis económica como es el actual. Numerosos funcionarios gubernamentales insisten en la necesidad de incluir cláusulas de flexibilidad laboral en las negociaciones colectivas. Todos marchan al mismo ritmo, bajo el mismo patrón de tiempo, el de la ganancia burguesa.

Son millones las personas afectadas por el desempleo en el mundo. La reciente ola de despidos, lejos de ser un fenómeno “de los argentinos”, es similar a lo que sucede en muchos otros lugares. De hecho, si alguna vez los asalariados percibieron un salario creciente, hoy una pequeña porción de la población mundial explotada recibe un salario, y una más pequeña aún se beneficia de un contrato.

LOS REALISTAS

Ya pasaron dos años desde el cambio de mando y los autoproclamados líderes preparan sus papadas para la futura contienda. Naturalmente, el peronismo y los partidos provinciales intentan recuperar el tiempo perdido, así como gran parte de la izquierda y el progresismo se preparan para “meterse en el barro”, por no decir en la mierda, con los ojos en el 2019. El ajustazo del gobierno actual avanzó sin mayores sobresaltos y, aunque hubo varias escaramuzas en el país, en líneas generales todo el tropel marcha con total mansedumbre.

La salida política: «Macri no» se dice y se repite, por puro “realismo”. Porque no se concibe otra salida que no sea un cambio del gobierno de turno. Criticar o querer destruir el capitalismo suena utópico o falto de realismo. Lo vimos hace tiempo con el «Macri gato». No es que sea presidente, sino que sea un “gato”, sea este un tonto modismo o un grito insultando al presidente en una cancha. Una vez más, no por presidente, sino por fútbol. Estos recursos progres pretenden unificar el descontento bajo un mismo discurso vacío de contenido.

Aparentemente, lo que pasó durante los últimos gobiernos no refiere ningún problema, salvo, claro está, durante la última dictadura militar, los 90 o la crisis del 2001. El gobierno de Macri, no tendría continuidad alguna con la gestión capitalista anterior, sería macrismo.

Lo mismo que potenció el acercamiento o alejamiento de los K o anti K es lo que hoy se gesta con el aún incipiente frentismo antimacri. El rol policial y chivato es otro gran punto en común que nos recuerda cómo, quienes nos llaman a luchar solo contra un gobierno, también van a luchar contra quienes no quieran ningún gobierno. Lo que separa coyunturalmente a los opositores políticos es menor a lo que los une en su función histórica objetiva de ahogar la lucha social.

Las necesidades propias y ajenas siguen siendo puntales de cóleras y lucha callejera. Quienes ocuparon edificios públicos o formaron campamentos para resistir despidos en la Patagonia; los trabajadores de los ingenios azucareros o las comunidades mapuche del sur; quienes salieron entre las multitudes con la desaparición de Santiago o el pasado 8 de marzo; o se movilizaron ante los recortes y los planes de austeridad en diciembre, formaron parte de un impulso de comunidad, una realización social en común.

La masividad es necesaria para transformar las condiciones de vida, pero por sí sola no alcanza. Mientras la lógica de la unidad frentepopulista y el mal menor cobra nuevo impulso, la reflexión y la lucha anticapitalista se muestran cada vez más necesarias.

TERRORISTA ES EL ESTADO

Pensamos, escribimos y corregimos estas palabras, mientras las fuerzas represivas golpean y matan por todo el territorio. Esta lista inacabada de hechos sirve para darnos una idea del aumento de la prepotencia armada en distintos barrios y ciudades de Argentina.

El 24 de marzo, en Ingeniero Juárez, Formosa, al menos cincuenta policías irrumpieron violentamente en calles y viviendas de habitantes wichís, originarios de esa zona. De este operativo resultaron presos cuatro menores y se suma a las represiones desatadas en diciembre y enero.

Un día antes en Rosario, siete personas que se encontraban en una plaza lo vivieron en carne propia. Golpes, patrulleros, corridas, violencia verbal, física y cárcel por 14 horas. No tenían nada encima, tampoco antecedentes. Durante la detención, a uno de ellos lo golpearon fuertemente y le cortaron las rastas con un cuchillo. En la comisaría 14 fueron fotografiados y nuevamente agredidos. Los perros imputados por esta agresión salvaje son: Mariano Saavedra, Erika Denis, Walter Durate, los cabos Ariel Godoy y Santiago Morán y el suboficial Roberto Salinas y Cristina G.

El 8, Facundo Ferreira de 12 años fue ejecutado por la Policía en Tucumán. El niño fue asesinado por una bala que le entró por la nuca. En el lugar, los únicos casquillos que se encontraron fueron de 9 mm y balas de goma que se corresponden con las armas de las fuerzas de seguridad.

También en este mes se dieron otros casos de terrorismo policial como el asesinato de Mauro Garfañoli, oriundo de la ciudad de San Nicolás. En esta ocasión, no necesitaron armar ningún montaje, lo asesinaron con el argumento de que tenía pedido de captura y se quiso dar a la fuga. Por otro lado, Facundo Agüero de la provincia de Neuquén, quedó internado en condiciones de salud muy delicada. Según el falso testimonio de las fuerzas de seguridad, se habría robado un perfume y en la persecución habría sufrido un “accidente”, cayendo de un paredón de 4 metros. Versión posteriormente desmentida por un video en el cual los perros lo reducen y lo golpean hasta dejarlo al borde de la muerte. Su madre, que accedió a sus pertenencias, encontró el ticket de pago del perfume.

Las fuerzas represivas no cuentan solo con el apoyo de los políticos, sino también de gran parte de la sociedad. Exagerando o no, el publicista de este gobierno Jaime Durán Barba ha declarado recientemente que la mayoría de la población está a favor de la pena de muerte. Bueno sería que la “reacción” se limite a decir barbaridades en medios y redes sociales, o a través de las encuestas. Pero incluso pasa a la acción. Cristián Cortez de 19 años fue asesinado a golpes por varias personas tras supuestamente haber robado un celular. Este nuevo linchamiento ocurrió en la provincia de San Juan.

Finalmente, el 2 de marzo pasado se cumplió un año de la masacre de la comisaría primera de Pergamino, donde fueron asesinados Sergio Filiberto, Federico Perrotta, Alan Córdoba, Franco Pizzarro, John Mario Carlos, Juan Carlos Cabrera y Fernando Emanuel Latorre, todos presos sin condena en esa dependencia policial. Encierro, hacinamiento y un incendio que los efectivos policiales deliberadamente dejaron crecer, impidiendo incluso el accionar de los bomberos que llegaron a la comisaría por los gritos que se escuchaban en las cercanías. Al año, más de mil personas se movilizaron para seguir repudiando el hecho. Pero en un principio esto no fue así: siguiendo la tónica reinante, a los días de la masacre se hablaba de motín, de lucha entre presos y, a pesar del terrible dolor, muchos “ciudadanos bien” escupían frases como “7 menos”. Solo la lucha y la constante movilización permitió que no quede todo tapado, que se sepa de la masacre, que los policías sean retirados de sus cargos y que el, en ese entonces, comisario Alberto Donza deba huir de la ciudad, hoy “prófugo” de la justicia. Jus7icia se ha convertido en una respuesta de familiares, amigos y compañeros a la represión, el miedo y la estigmatización imperantes.