sábado, 4 de marzo de 2017

¡ABAJO EL TRABAJO DOMÉSTICO!

Hace ya varios años que hemos sumado nuestras voces para exponer la relación entre trabajo asalariado y capitalismo, para asumir la contradicción, no defendiendo el trabajo sino la vida. Porque la contradicción más importante por la que luchamos es la que existe entre Capital y vida humana.

El modo de producción capitalista, pese a su imagen racionalista y científica también produce mitos, actos de fe gracias a los cuales se sostiene. Uno de ellos es que el trabajo es ajeno a la historia, que existe desde siempre y que, por tanto, no podría dejar de existir. Esto es una verdadera falacia. El trabajo aparece como actividad separada en las sociedades de clase. Y el trabajo asalariado, más precisamente, es la forma que adquiere la actividad humana en el capitalismo. Es por ello que cuando miles de proletarios en el mundo insistimos con la consigna «¡Abajo el trabajo!» no estamos proponiendo que haya que dejarse morir de frío e inanición, sino que debemos luchar para constituir una comunidad donde nuestras necesidades de alimento y techo, así como de goce y creatividad sean puestas en común sin ser una coartada para cuantificarlas y generar ganancias. Aunque parezca extraño en este tiempo inmóvil del Capital que se asemeja a un eterno presente, la mayor parte de la existencia de nuestra especie no hemos vivido de esta manera; ello vuelve evidente que este modo de producción también tiene los días contados.

Otro mito necesario para apuntalar la normalidad capitalista es exponer el trabajo doméstico como un atributo natural de las mujeres, quienes se supone que, por naturaleza, serían buenas cocineras, lavanderas, amantes, sensibles, débiles y, por sobre todo, dependientes. No es ninguna casualidad, el primer paso para la domesticación es la creación de dependencia.

Una dependencia que es tanto económica como ideológica, basada en el mito (1) de que siempre fue el trabajador asalariado hombre el que llevó el pan a la mesa. Y en el pobre imaginario social —¡y aunque estaba a simple vista!— este trabajador habría carecido de la necesidad de cuidados, porque se trataba de un adulto sano que se valía por sí mismo. Esta falacia no solo invisibilizó —e invisibiliza— esos cuidados, sino que además produce un modelo, especialmente masculino o masculinizante, que se caracteriza por su pretensión de no necesitar de nadie. Un individuo que rechaza la interdependencia humana en nombre de la fuerte y prominente independencia típica del capitalismo.

Tal como sucede con cualquier trabajo, la función de la ideología dominante es que el trabajo doméstico sea naturalizado, amalgamado a cualquier actividad humana, cuando en verdad se trata de un fenómeno social determinado e histórico. El trabajo doméstico de las mujeres se encuentra bajo mayores sombras aun que el trabajo asalariado, por ser considerado, erróneamente, un atributo natural de la personalidad femenina, una aspiración del “ser mujer”. Pero lo que se olvida es que para crear la imagen de ese supuesto atributo natural fueron necesarios siglos enteros de desposesión y de persecución misógina, cuando las mujeres muy lejos estaban de cuadrar con la imagen de ama de casa sumisa y siempre atenta a las necesidades de su familia, y que el Capital «chorreando sangre y lodo por todos los poros», logró imponer.

No es fácil definir al trabajo doméstico en cuanto categoría. Sin embargo, quien lo sufre en carne propia sabe a qué nos referimos. El trabajo doméstico está constituido por las tareas realizadas en el hogar o para el hogar. No obstante, eso no lo es todo: a diferencia de la mayoría de los trabajos asalariados, la jornada no tiene un horario definido ni tareas precisas. ¿Y el cuidado de niños, ancianos y enfermos al que son confinadas millones de mujeres a diario? ¿Y el “servicio sexual”? Esto ni siquiera termina en casa. Llevarle un café al jefe y charlar con él acerca de sus problemas maritales es trabajo de secretaria y no un favor personal. Preocuparse por cumplir con un perfil físico determinado e imitar la imagen de las mujeres de las publicidades es una condición laboral y no el resultado de la vanidad femenina.

Obtener un segundo trabajo para las mujeres no cambia su rol impuesto, así lo han demostrado décadas y décadas de trabajo “femenino” fuera de casa. Un segundo trabajo no solo incrementa la explotación, sino que además reproduce aquel rol de diferentes maneras. Donde sea que miremos podemos observar que los trabajos llevados a cabo por mujeres son meras extensiones de las labores confinadas a la esfera privada.

Amas de casa, maestras, prostitutas, limpieza, secretarias, enfermeras, niñeras, psicólogas… las virtudes de la esposa homenajeada el día de la madre. La celebración oficial de cada 8 de marzo y las loas mercantiles a las mujeres feroces, valientes e independientes es la celebración de la explotación en nombre de un supuesto heroísmo, de una naturaleza femenina que se reconoce en la imagen masculinizante de la mujer todopoderosa, capaz de dedicarse a las tareas del hogar al mismo tiempo que va a trabajar a la oficina.

Para este 8 de marzo se hace un llamado sorprendente: un paro nacional de mujeres. Como toda medida aislada tiene sus propias limitaciones. Pero, en este caso, el paro además visibiliza un hecho sobre el cual se basa la sociedad capitalista y del cual se habla poco y nada. El Capital domina y se desarrolla a través del sistema de salario y es a través del salario que se organiza también la explotación del proletariado no–asalariado. Esta explotación ha sido aún más efectiva porque la falta de un salario la oculta.

En los años 70 del siglo pasado hubo una campaña titulada Salario para el trabajo doméstico. Esto arrancó el tema del ámbito privado, donde se lo sobreprotegía —y aún sobreprotege— para que no entrara en discusión. Pero, en síntonía con el obrerismo, reclamó su porción al Estado y a las empresas por ser de suma importancia para la producción capitalista.

El Capital, además del trabajo asalariado, depende también del trabajo no remunerado realizado por las mujeres en los hogares. Por eso no hay que defenderlo, hay que destruirlo. Recibir un salario por aquello no ha sucedido, y no pareciera que vaya a suceder. Repartir las tareas de forma más equitativa entre hombres y mujeres es una posibilidad, pero bastante remota también. Y si bien cada vez se paga más por servicios que en otros tiempos se solicitaba gratis a las esposas, madres, hermanas, hijas o abuelas, estas siguen soportando la mayor parte de estos quehaceres.

La imposibilidad de reforma es evidente. Así como la necesidad de abolir tanto el ámbito público como el privado de esta sociedad. No hay nada que salvaguardar de ninguno de los dos, ni entremezclarlos, sino hacerlos saltar por los aires junto a toda la sociedad que los ha creado.


Nota:
(1) Con mito nos referimos a una situación que, escapando a la imagen eurocentrista dominante desde mediados de siglo XX, implica un proceso histórico más amplio que las décadas doradas del capitalismo y abarca la realidad de miles de mujeres que por su lugar y momento de nacimiento fueron confinadas a un trabajo siempre menos pago que el del hombre y tuvieron que cumplir además con el trabajo en el hogar. Es por tanto un mito burgués, un ideal de la familia burguesa impuesto a todo el mundo.

¡HIGUI A LA CALLE!

Tristemente volvemos a escribir desde la rabia. Hoy es el caso Analía de Jesús la chispa que enciende la necesidad, cada vez más urgente, de ponernos a reflexionar, agitar y denunciar que las condiciones materiales y las relaciones sociales en que vivimos están deshumanizadas, y que los hechos de violencia son su expresión.

Higui es una mujer lesbiana que está presa desde marzo de 2016 por defenderse de un grupo de hombres que intentaron violarla y asesinarla. Ella vivía en Lomas de Mariló, Moreno, en el Gran Buenos Aires, y debió mudarse por el continuo hostigamiento de vecinos que, incluso, llegaron a incendiar su casa. Dicen que en esa localidad se da una expresión particularmente violenta y patotera de los hombres que no toleran a mujeres lesbianas, y que éstas son agredidas verbalmente, apedreadas y golpeadas si su elección sexual es reconocida. Dicen que allí los hombres “corrigen” tanto a lesbianas como a gays.

El Día de la Madre pasado Higui volvió a Lomas para visitar a su hermana, luego pasó por lo de un amigo que vive cerca y cuando finalizaba el encuentro, el cuñado de su amigo, conocido misógino del barrio, junto a otros nueve, la atacaron a golpes. Higui cuenta que estos seres despreciables acompañaban sus golpes diciendo: «Sos una tortillera. Sos una puta. Te voy a hacer sentir mujer. Te vamos a empalar, tortillera». Luego le rompieron el pantalón y el bóxer y uno de ellos se le tiró encima, dispuesto a violarla. Ella sacó un cuchillo que llevaba escondido y se defendió con un puntazo en el tórax que terminó con la vida de este agresor. Higui perdió el conocimiento hasta que la policía la despertó.

El horror continuó, esta vez, en el periplo burocrático y sádico de la institución policial. Analía fue llevada por personal del Centro de Operaciones Municipales a la comisaría 2da de San Miguel, donde fue objeto de burla y maltrato… «¿Quién te va a querer tocar o abusar a vos, si sos horrible?» La mantuvieron desnuda, presa, golpeada y sin atención médica durante tres días.

Uno de los agresores declaró entonces que Analía se había metido en una pelea entre dos pibes para separarlos, acuchillando a uno. Otros tres testigos declararon exactamente, al pie de la letra, la misma situación. Como es de esperarse, los vecinos se encuentran amenazados por los agresores que hoy caminan por el barrio tranquilamente, y la causa de Higui se halla repleta de irregularidades. Ella está presa desde entonces, acusada de homicidio, y la localización exacta la conocen unos pocos. Podríamos usar el lenguaje del enemigo e indignarnos por el accionar nefasto de la policía y la justicia, pedir más presencia del Estado, más policías. Pero sabemos que el Estado no está ausente en estos hechos, que la democracia no funciona mal. Si cada hecho se piensa de manera aislada las soluciones van a ser individuales, reivindicando los derechos ciudadanos, legales, de cada uno. 

En 2016 hubo varios casos de homicidios por legítima defensa en situaciones de robo. Sin embargo, a Higui no se le reconoce haber actuado en su legítima defensa, figura que parece ser válida solo cuando lo que está en juego es la propiedad privada de una persona burguesa.

Cada caso no es “un caso más” para sumar a una estadística nacional del tipo que sea, lo que aquí está en juego es el modo en que las relaciones sociales se desarrollan, y estos hechos son parte de un problema social y como tal requieren de una solución también social. Lo que le sucedió a Higui es todo el sistema actuando sobre una mujer, lesbiana y pobre. El foco está en poner en tensión todas las relaciones sociales, la violencia generalizada, y las condiciones que generan, permiten y reproducen esta violencia.

MEMORIA: «вниз с войной!»

«¡Abajo la guerra!» gritaban miles de mujeres en los mítines y manifestaciones aquel 8 de marzo de 1917. Petrogrado estaba muy tensa, las trabajadoras textiles estaban en huelga y los metalúrgicos se les sumaban. Los soldados en el frente y los marineros en las bases cercanas se estaban amotinando y las filas de racionamiento eran frecuentes focos de incidentes y destrozos por parte de las trabajadoras domésticas.

El frío invierno, la autocracia, las condiciones del frente, el desabastecimiento, la estructura patriarcal, la miseria en los hogares... Razones sobraban, pero las cicatrices de 1905 todavía ardían. El 8 era un buen día para aumentar la intensidad de la lucha. En Rusia el día de la mujer trabajadora se conmemoraba desde hacía pocos años pero con intenso fervor. Las primeras en rebelarse fueron las hilanderas de las fábricas textiles del distrito de Výborg al norte de Petrogrado: siete mil de ellas marcharon a otras fábricas y hacia las diez de la mañana habían logrado movilizar a otros veinte mil obreros. Los trabajadores despedidos de la Putílov se unieron a los manifestantes. Al mediodía, ya eran alrededor de cincuenta mil manifestantes y a primeras horas de la tarde comenzaron a unírseles obreros metalúrgicos y de las fábricas de municiones. Previendo incidentes, las autoridades habían ordenado el cierre de tiendas y oficinas, lo que hizo que algunos de los empleados se uniesen a las manifestaciones.

Doscientos cincuenta mil obreras y obreros estaban en huelga para el día 10. Este día comenzaron los enfrentamientos con la policía. Los cosacos, la fuerza más confiable del zarismo, decidieron, no obstante, no reprimir. Las fuerzas represivas habían perdido su halo indestructible, cada soldado tenía amigos y familiares entre los huelguistas y temía la vuelta al frente. El movimiento huelguístico fue astuto, no se aisló y buscó activamente la confraternización con los conscriptos arrancados del campo apenas mayores. La última de las puertas hacia la revolución comenzaba a abrirse.

Al cabo de pocos días el Zar finalmente abdicó y, si bien en su reemplazo emergió un gobierno parlamentario, también se consolidó una forma de asociacionismo proletario que había madurado desde su aparición en la Revolución de 1905, los soviets. En éstos, y como era costumbre ya desde las organizaciones narodnikis (populistas), la presencia femenina era permanente.

Entre febrero y octubre, y más aún durante los años siguientes, incluso a pesar de la guerra civil en curso, se avanzó significativamente en históricas reivindicaciones femeninas,(1) como la posibilidad de tener elección sobre la natalidad, deshacer sus matrimonios, que su formación no dependiera de los designios paternos y muchas más. Se imponían con fuerza en las calles las necesidades sociales que las legislaciones nunca traerían. Las actitudes paternales eran combatidas por mujeres, que renegaban de la idea de que su rol en la revolución fuera de apoyo, manteniendo las tareas domésticas a las cuales habían sido condenadas desde la disolución de las comunidades campesinas. «Las mujeres deben jugar un rol significativo en la campaña por los alimentos», llegó a decir Inessa Armand, una de las mayores referentes femeninas del bolchevismo, en 1916.

Pero todo ese proceso estaba, cada vez más, siendo incluido y deformado bajo el Estado, liderado por el Partido Bolchevique. Éste, siguiendo el ejemplo de las organizaciones socialdemócratas del diecinueve, postulaba que las “cuestiones femeninas” debían de tratarse en organizaciones específicas para las camaradas. Así, formaron el Zhenotdel, cuyo órgano de difusión era Kommunistka (La Mujer Comunista) y pusieron a su cargo a Alexandra Kollontai, primera ministra mujer de la historia que, tras un paso por la minoritaria Oposición Obrera, luego sucumbiría al estalinismo, cumpliendo tareas diplomáticas hasta su muerte. Mientras de la boca para afuera ese organismo se dedicaba a concientizar a las mujeres en las ideas socialistas y las necesidades de la revolución, en la práctica, el rol de estas organizaciones se centraba en el viejo truco de legislar y delimitar lo que efectivamente ya estaba sucediendo: los abortos se realizaban y los violadores eran abandonados. Las necesidades eran asumidas directamente por las mujeres, individualmente o a través de las estructuras de solidaridad que se formaban en el calor revolucionario.

El aislamiento de las cuestiones femeninas llegaría en 1920 hasta el ridículo de formar la Internacional Comunista de Mujeres, análoga a otras especificidades como la Internacional Sindical Roja o la Internacional Campesina Roja. Las y los revolucionarios denunciaron este proceso de ahogamiento y burocratización creciente, muchos incluso insistiendo en el rol capitalista y reaccionario del Partido Bolchevique que, si alguna vez había sido una organización revolucionaria, sin duda ya no lo era. Un momento destacable de la crítica práctica fue el intento de asesinato de Lenin, líder bolchevique, a manos de Fania Kaplan, militante histórica e integrante de los Social–Revolucionarios de Izquierda, en 1918.

El ardor de la revolución se apagaba entre el Comunismo de Guerra y la represión permanente a los núcleos todavía disidentes, como en la región ucraniana con el Ejército Negro Insurreccional, y la gloriosa Kronstadt, vigía de Petrogrado, tomada por los viejos marinos. Mientras tanto, las reivindicaciones de mujeres ya habían pasado su punto álgido y comenzaban a retraerse en los cajones de los escritorios. Eventualmente, el mismo estalinismo terminaría por deshacer las organizaciones de mujeres, ya que bajo el socialismo éstas serían, bajo todos los puntos de vista, “iguales a los hombres y libres en su totalidad”. El derecho al aborto se denegaría nuevamente y la sociedad resumiría el curso patriarcal que soñaba extinguir.
Pero cien años después, los latidos de marzo todavía resuenan entre nosotros. La fuerza de la espontaneidad, del asociacionismo directo, de la solidaridad entre mujeres, entre hombres, entre combatientes por la revolución, fue tan fuerte en 1917 como puede serlo hoy día.


Nota:
(1) Usamos este controversial término para reconocer el hecho de que, en gran parte, han sido mujeres las que históricamente han dado sus vidas por necesidades que son de la humanidad toda, y que no solo mejorarían la calidad de vida de uno de los sexos.

DÍAS DE PRECARIEDAD Y REESTRUCTURACIÓN

Pasó un año desde que Macri asumió la presidencia. Un año de ajuste salvaje; sin embargo, queda mucho por delante. No hay apuro si asumimos la constancia. Nada es inmediato. La lucha es necesaria y la ruina de la sociedad capitalista es inevitable. Vamos a partir reconociendo que existe una miseria global generada por un modo de producción de tipo capitalista. En todos los continentes del globo se pueden ver las consecuencias de la administración de esta miseria. En el continente americano, más allá del discurso predominante en la generación de gobernantes progresistas y desarrollistas, sucede lo mismo.

La crisis económica mundial afecta la industria argentina, cuyos costos son más altos y sus avances técnicos más atrasados que los de aquellos países que lideran los mercados. Esto es central para comprender por qué el gobierno ataca incesantemente, aumentando tarifas, despidiendo y precarizando. En otras palabras, buscan producir más con menos costos, así como también usar el asistencialismo como palanca para neutralizar el poco poder de fuego que tiene la movilización social. Éstos comenzaron a especular, en diciembre pasado, cuando las fuerzas sindicales, políticas, territoriales y religiosas armaron el proyecto de la “Ley de emergencia social”. En éste, a cambio de unas concesiones mínimas, los delatores y disciplinadores de la clase explotada garantizan la paz social. Un programa idéntico al del anterior gobierno. Sintéticamente, podemos decir que las condiciones globales tienen su expresión local, y localmente, también sus sostenedores y su falsa oposición.

Asimismo, el antagonismo se expresa tímidamente. En los últimos años, las luchas de los asalariados convivieron de manera errática con los reclamos socioambientales, y, además, con las masivas demostraciones del movimiento de mujeres. Actualmente, existe en el territorio argentino un proceso de luchas con distintos matices y grados de conflictividad. Estas luchas particulares, necesarias e importantes, sin embargo, permanecen aisladas entre sí, expresando solidaridad solo desde su particularidad, impidiendo ver lo que tienen en común.

Las siempre engañosas cifras acerca de la cantidad de despidos, suspensiones y envío de millones de personas al inframundo de los trabajadores pobres son alarmantes. Sin embargo, las demostraciones de paciencia en el proletariado de la región argentina parecen no agotar sus reservas. Al escribir este artículo, decenas de organizaciones sindicales y de género están anunciando paros y movilizaciones para el mes de marzo.

El 7 de marzo movilizan los mercenarios de la CGT, que además amenazan con una huelga a fin de mes. El sindicalismo argentino lucha por no perder su lugar de interlocutor privilegiado frente al gobierno y las cámaras empresariales. Al día siguiente, va a realizarse un paro de mujeres, el segundo en menos de un año. Ambas movilizaciones, empujadas por reclamos y reivindicaciones auténticamente sentidas por los proletarios y las proletarias. Los reformistas de siempre buscarán impedir cualquier desbande para lograr eficazmente la canalización democrática. Pero sabemos que ésta dependerá de lo institucionalizable de las luchas. Nuestras luchas son prestas al encuadramiento cuando luchan por el reparto de la miseria, son canalizables cuando luchan por migajas ¡Luchemos por todo! ¡Cuando nuestros reclamos no pueden ser recuperados por estos mercenarios es porque vamos por el buen camino, el camino de la revolución!

lunes, 30 de enero de 2017

CHUBUT: COMUNIDADES MAPUCHE EN CONFLICTO

El día 10 de enero del corriente año, a las tres de la mañana, efectivos policiales, Gendarmería y el Grupo Especial de Operaciones Policiales (GEOP) desalojaron con balas de goma, gases y golpes la recuperación de tierras ancestrales del Departamento de Cushamen, en la zona Vuelta del Río, de Leleque, provincia de Chubut, cortando los accesos de la comunidad Pulof, y aislando la Ruca (casa) mayor, donde se encontraban mujeres y niños durmiendo. Casi 400 efectivos fueron desplegados. La orden para intervenir en el territorio fue dictada por el juez Martín Zacchino, acompañada por la fiscal general Camila Banfi de Comodoro Rivadavia, y el juez federal de Esquel Guido Otranto, bajo la justificación de la necesidad de liberar la traza del tren turístico La Trochita que atraviesa los terrenos.

Durante la represión se llevaron diez detenidos. Ellos se encuentran en la Unidad 14 del Servicio Penitenciario Federal de Esquel, los cuales son: Ricardo Antihual, Nicolás Daniel Hernández Huala, y Ariel Garci, Buchili José Luz, Gustavo Jaime, Daniela Gonzales, Huencapan Javier, Huenchupan Ruíz Javier, Pablo Gonzalo Seguí, Ricardo Antigual, quienes tendrán audiencia el día 12 de enero. Les niegan la excarcelación por orden del Juzgado Federal de Esquel, alegando que existe peligro de fuga, y al parecer por abigeato (robo de ganado). Están alojados en carácter de comunicados y se les imputó los delitos de «impedir la circulación del transporte ferroviario», «resistencia a la autoridad», «lesiones» y «daños agravados». Asimismo, Huetelaf Ivana Noemi se encuentra en quirófano herida de bala.

No conformes, gendarmería invade nuevamente el territorio de la comunidad del Lof a eso de las 20 hs del día 11 de enero, reprimiendo con balas de goma y plomo. Esto dejó como saldo cantidad de heridos, muchos de ellos con perdigones de escopeta, dos de ellos de gravedad. Fausto Jones Huala se encuentra en la terapia intensiva del hospital de la localidad de Lago Puelo (Chubut), con traumatismo de cráneo y derrame cerebral, y Emilio Jones tiene fractura de maxilar, debiendo tener una operación de urgencia, hospitalizado en la localidad de El Maitén.

Haciendo memoria
El territorio viene de constantes represiones bajo distintas excusas. Los mapuches lograron recuperar sus tierras hace dos años, las cuales estaban a manos del terrateniente Luciano Benneton.(1) Recordemos que el 27 de mayo del 2016 se produjo una nueva represión, deteniendo a once personas, entre ellas al Lonko Facundo Jones Huala, en otro claro acto de terrorismo, tratando de extraditarlo al Estado Chileno, cuestión frenada gracias a la lucha.(2)

No podemos seguir apáticos frente a la realidad, la cuestión mapuche no es ajena a la de nosotros, que somos, al igual que ellos, los oprimidos de la sociedad. El hecho de que cuestionen y se rebelen contra la sagrada propiedad privada, pilar fundamental de la forma de vida dentro del sistema capitalista, hace que sufran el castigo de la ley y el orden, siendo el Estado el principal ejecutor de la represión para defender los intereses de los ricos, empresarios y políticos. Es así que se crean leyes para justificar el accionar policial y manipular a través de los medios de comunicación el discurso frente a los hechos, como lo es la Ley Antiterrorista, impulsada y aprobada por el gobierno kirchnerista, y utilizada felizmente por el macrista de turno, generando una persecución ideológica. En el presente caso podemos decir que los terrenos como tales no poseen gran importancia en cantidad porque es un espacio mínimo dentro de las extensas propiedades de Benetton, ni tampoco en recursos porque no son los mejores, de hecho, dicho en las palabras de un mapuche: «Lo cierto es que la realidad social en la que nos encontramos no ha cambiado mucho. Seguimos teniendo las peores tierras y la calidad del suelo es abismalmente distinta respecto de las grandes estancias: tienen los mejores pastos, las mejores vertientes, las nacientes de los ríos, los arroyos. Y ese es uno de los motivos por los cuales seguimos viviendo en una situación de extrema pobreza. Así, obligan a nuestra gente a migrar a las ciudades, a vivir en los barrios periféricos, con una calidad de vida peor de la que tenían en los campos, pasando a ser mano de obra barata y trabajando por miseria. Por eso temen esta recuperación: porque cuestiona el estado de las cosas».

Lo que prima, entonces, es la necesidad de castigar el acto de recuperar, la rebeldía, la transgresión a la propiedad.

Defendamos y tomemos como ejemplo la lucha de la comunidad mapuche. Contra el Estado y la propiedad: ¡organización y lucha!


Notas:
Este artículo fue redactado y difundido por compañeros del boletín Chenque Negro (Comodoro Rivadavia, Chubut) el 12 de enero. Al cierre de esta edición la situación es la siguiente: a los heridos de gravedad les han dado el alta médico, Emilio Jones está esperando la operación y Fausto Jones Huala se encuentra en cuidados por si presenta alguna secuela. Siete de los detenidos fueron liberados el día 13 de enero y los tres restantes el día siguiente. El saldo, sin embargo, es de 24 personas procesadas bajo distintas causas.

(1) The Argentinian Southern Land Company fue fundada en Londres en 1889 para realizar actividades comerciales en la Patagonia. En 1896 fue beneficiada con la donación de 10 estancias, de casi 90 mil hectáreas cada una, a cambio de financiar la Campaña, obtuvo tierras estratégicas para el desarrollo del ferrocarril que les sirvió para exportar la producción ganadera. En 1982 la empresa tradujo su nombre –Compañía de Tierras del Sud Argentino– e integró su directorio con un 60% de directores argentinos. Ese paquete accionario fue comprado en 1991 por Benetton por 50 millones de dólares.

(2) Ver el artículo La Justicia está vendida, encarcelamiento de Facundo Jones Huala en territorio Argentino, boletín Chenque Negro nro. 8. Puede descargarse en www.chenquenegrocr.blogspot.com, [así como el de La Oveja Negra Nro. 41].

SAN JUAN: DERRAME, REPRESIÓN, DERRAME

Septiembre 2015: Barrick Gold derrama cianuro en la mina Veladero, San Juan. Un resumen de un documento interno de la empresa asegura que la fuga fue de 5.242.000 litros, es decir, cinco veces más de lo admitido públicamente. Se acosa y amenaza a quienes investigan la dimensión del derrame.

Septiembre 2016: A un año de que se cumpla el aniversario del mayor accidente minero de la historia del país, la mina Veladero que explota Barrick Gold en San Juan volvió a ser noticia por un derrame de solución cianurada. La empresa vuelve a dar información falsa y minimizar los hechos.

Diciembre 2016: El día 17, personas autoconvocadas de distintas latitudes se reúnen a compartir inquietudes, ganas y perspectivas en Jáchal e Iglesia teniendo en cuenta la aguda situación por la que están pasando los compañeros que allí habitan. A sabiendas que la dimensión del problema excede a esta empresa asesina en particular y traspasa las fronteras nacionales, se decide realizar un bloqueo a la entrada a Veladero/Lama que no interrumpa la circulación de los vecinos. La complicidad entre el Estado y estas empresas se hizo evidente en el accionar represivo y abusivo. No siendo un error sino una política de Estado el no tomar medidas frente a los reiterados derrames de la Barrick y si agredir y meter presos a quienes se plantan frente a tal atropello generalizado. Las personas detenidas estuvieron desaparecidas durante cinco horas y fueron liberadas luego de tres días. El mensaje de estos compas al salir fue claro y contundente: «No somos defensores de la naturaleza, somos la naturaleza defendiéndose». Y por eso mismo, no se trata de haber nacido en el lugar ni mucho menos de un regionalismo o nacionalismo estúpido. El gobernador de San Juan, José Luis Gioja —tal como apuntan en la zona— es un empleado de la minera y compraron su silencio. De un gobernante no nos asombra, pero lo que no deja de entristecer es que muchas de las personas que allí viven también han vendido su silencio a la Barrick. Y no por unas pocas monedas según cuentan desde Jáchal. La empresa ha realizado sendos “obsequios” a los lugareños que allí encontraron motivos para, como suele decirse, ponerse la camiseta de la minera.

Enero 2017: Como si fuera poco el día 12 sucedió otro derrame, esta vez en la mina Pascua Lama, y como todo lo que ocurre en el feudo de las minas de Barrick Gold, no se puede saber muy bien que pasó. La minera reconoció un nuevo derrame y anunció que cerrará el túnel binacional que montó para transportar roca de Chile a Argentina, que destruyó un ambiente periglacial.

DESDE PERGAMINO: DE NUEVO INUNDADOS

La ciudad de Pergamino está ubicada al noreste de la provincia de Buenos Aires y tiene una población cercana a los cien mil habitantes. Esta localidad se desarrolló como un apéndice del área agropecuaria, a la que se le reservaron las mejores tierras, las más altas. De ahí que el casco urbano se ubique en una zona relativamente baja, de acumulación de agua. Además, se encuentra surcada por el arroyo Pergamino (de oeste a este) y un afluente, el arroyo Chu Chu (de norte a sur). El proceso de expansión urbana avanzó sobre los valles de inundación de estos cursos de agua, ocupando una superficie que es receptora de los excesos hídricos.(1)

Los pergaminenses sufrimos una nueva inundación, la más grande en los últimos veinte años desde la que padecimos en el año 1995. Con cientos de evacuados y miles de damnificados, estas fiestas se volvieron una catástrofe.(2)

Esta situación se replicó en diversas localidades de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, mientras que también se sucedieron incendios forestales en grandes regiones de La Pampa, noreste de Río Negro y sur de Buenos Aires. El rabino y ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Sergio Bergman, en medio de esta situación declaraba «que parece una especie de profecía apocalíptica, los argentinos y el mundo empezamos a ver que acá tenemos incendios, en Santa Fe tenemos inundaciones, y esto se llama adaptación, que es cómo nos vamos a organizar para minimizar riesgos ante lo que le hicimos al planeta y que nos devuelve multiplicado con estas catástrofes».

El Estado, además de hablarnos de profecías, adaptación y de culparnos a todos por lo «que le hicimos al plantea», apareció como mejor sabe hacer, reprimiendo y protegiendo los principales comercios de posibles saqueos. La ausencia de ayuda fue evidente una vez más, sobre todo en los barrios con mayores necesidades, donde las inundaciones son más frecuentes. Lugares donde no se suele vivir por elección, sino porque no queda otra.

Si bien se realizaron algunas obras públicas desde el 95, nunca se culminó lo proyectado. A esta insuficiencia de obras se le suman infinidad de canales clandestinos que drenan el agua de tierras inundables para poder cultivar, así como la cada vez más creciente sojización disminuye brutalmente la capacidad de absorción de la tierra. Mientras el monte nativo absorbe 300 milímetros de agua por hora, una pastura convencional (donde hay ganado) 100 milímetros, un campo con soja absorbe apenas 30 milímetros por hora.

A su vez, empresarios y políticos locales han realizado obras de drenaje en terrenos situados en áreas antes inundables para desarrollar sus negocios inmobiliarios, sacando el agua fuera y agravando aún más la situación. Ese mismo afán de lucro hizo que los patrones de la ciudad no tuvieran ninguna consideración por la situación de los damnificados, sus amigos, familiares y vecinos, obligándolos a trabajar normalmente en muchos casos.

Lo sucedido en Pergamino es extendible al resto de inundaciones sucedidas en el centro del país: sojización y urbanización. Es cierto que se registraron las mayores lluvias de los últimos años, pero ese elemento aislado no genera estos desastres, que no son climáticos, sino capitalistas, agravados por la represión de las personas damnificadas que salen a protestar. Luego del castigo de someternos a vivir en estas condiciones viene el castigo ejemplar de la ley y el orden.

Podemos tener infinitas discusiones sobre lo evitable de esta situación, sobre las obras realizadas y por realizar, sobre las diferencias entre aquella inundación del 95, la del 2013 o la actual, sobre el grado de responsabilidad del agro en todo esto. También podemos meternos en política y hacer algo desde el municipio o desde algún partido o sindicato.

Nosotros preferimos poner en evidencia que el principal problema que tenemos es que el dinero está siempre por sobre nuestras vidas, y que el Estado, partidos y sindicatos siempre terminan protegiendo a quienes tienen ese dinero.

Por eso nos quedamos con la solidaridad de tantos vecinos que a pesar de la falta de recursos y la negligencia total de las autoridades tratan de sacar la situación adelante. Por eso seguimos confiando en lo que podemos hacer las personas al margen del Estado, que se preocupa más por los comercios y la circulación en las rutas que por los damnificados. Por eso decimos una vez más: ¡Que se vayan todos!


Notas:
(1) Extraído del sitio web: www.noqueremosinundarnos.blogspot.com.
(2) Una versión anterior de este artículo fue redactada y difundida a fines de diciembre del año pasado en la página de Facebook (de la biblioteca) Alberto Ghiraldo.